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2月26日 VacíoDirijo hacia tí mis palabras esperando (con el egoísmo natural en mí) que recibas y decodifiques mi descarnado mensaje. Intento vaciarme de problemas, asuntos banales y el exceso de valores que fecundan la semilla de la contradicción en mis adentros. Confío en tí: no sé decirte el por qué.
Estás delante de mí, con la mirada ausente y el gesto... firme. No me hace falta más. Descargo mi frustación, el dolor y la rabia diaria que me provocan los de siempre (nunca aprenderé).
¡Qué descanso! Soy una nueva persona, o no, mejor dicho, ahora soy como siempre: yo mismo con mi personalidad sin alterar, con esa serenidad (tan cercana a la frialdad) que exaspera a tantos. Te miro fijamente y no encuentro tu mirada, pongo la mano en tu cara y noto que, por lo menos, no has dejado de respirar, ¿me has escuchado? Mi memoria recupera la lucidez y ahora recuerdo: estás vacío. 2月24日 AQUÍ ESTOY BIENNo sé como salí,
no sé como emergí de aquel mar de dudas, el agua era oscura. No podía flotar, no podía encontrar lugar donde asirme, no vi tierra firme. Aquí estoy bien,
aquí estoy bien, todo lo que quiero está aquí y si me lo pides me quedo, y si me lo pides me quedo. No sé qué hay más allá,
no me he parao a pensar si el viento canalla me roba la playa. Solo quiero sentir que tú sigues aquí, me envuelvo en tu aliento viviendo el momento. Aquí estoy bien, aqui estoy bien,
todo lo que quiero está aquí y si me lo pides me quedo, y si me lo pides me quedo... LUZ CASAL 2月18日 RitualesCada dos horas,
todos los días a la misma hora,
los lunes y los jueves,
tres veces al mes,
de forma bimensual,
de seis en seis meses,
una vez al año...
Son repeticiones por sistema (impuesto y autoimpuesto) que nos dan seguridad, nos obligan a realizar ciertas actividades, que nos hacen metódicos... pero solo son buenas con moderación. No dejes que los rituales acaben con tu ingenio, placer e independencia. Puedes tomar una decisión cada vez que estés preparado para ello, no esperes que llegue un día determinado: hay cosas que no se improvisan. 2月15日 PositivoCuando la oscuridad te envuelve y te no deja ver nada más, grita fuerte:
¡¡Que hermoso es todo!! 2月12日 El cielo está vacíoMiedo y rencor, vergüenza y confusión,
no dejes que tu educación te vuelva un robot;
culpabilidad, una trampa más.
El cielo está vacío, y no tiene sentido que busques más allá. Si aún no has entendido que siempre te
han mentido, va siendo hora ya.
Odio y traición, dolor y humillación, no vuelvas a pedir perdón a quien te condenó; tu debilidad, su seguridad.
El cielo está vacío, su Dios nunca ha existido ni aquí ni más allá. Si aún no has entendido que todo está podrido, va siendo hora ya.
El cielo está vacío, y no tiene sentido que busques más allá. Si aún no has entendido que siempre te han
mentido, va siendo hora ya.
El cielo está vacío, su Dios nunca ha existido, ni aquí ni más allá. Si aún no has entendido que todo está podrido, va siendo hora ya.
FANGORIA 2月8日 IndignadoBasta de opacidad desdeñosa,
basta de cielos seminublados,
basta de hacer grandezas a
medias.
Basta de aguantar y callar
lo que nos molesta,
basta pedir sinceridad sino
somos sinceros.
Que alguien pare el autobús
en su lugar.
Estoy indignado con la corrupción
opaca (esa que está presente sin
estar visible).
Mal día. 2月7日 ImpacienciaAhora entiendo aquella frase que antes me pareció ofensivamente simple y carente de todo mérito (iluso de mí):
"Por más que uno quiera y más difícil sea,
cuando toca esperar, se espera".
ANTONIO OROZCO
(Contraportada Cadizfornia) 2月5日 La alegríaHay gente que de la pena hace un nido. Individuos que se enroscan en su propio dolor y permanecen para siempre dentro de él, creyendo que, por haber sufrido, el mundo entero está en deuda con ellos. Todos conocemos gente así. Pero luego están esas otras personas llenas de vida y fuerza. Aunque a veces no lo parezca, los animosos son la mayoría, porque el ser humano posee una capacidad de adaptación y de resistencia extraordinarias. Pese a todo, impera la alegría. El básico y elemental gozo de estar vivo. […]No hay que rendirse, no hay que desconfiar nunca de nuestra increíble capacidad para regenerarnos y ser felices. […] Siempre conviene recordar, a modo de regalo o cuento navideño, que ahí fuera el mundo palpita, lleno de buena gente y de energía. ELPAIS 2-1-07 ROSA MONTERO 2月3日 El aplausómetroLOS NIÑOS DEL MUNDO se dividen en dos grandes grupos:
a) Inocentones: los que miran el truco del mago con la boca abierta y cuando el mago les saca un huevo de la oreja pasan la tarde pensando cómo es posible que durante los ocho años que llevan habitando el planeta Tierra no hubieran advertido que tenían un huevo dentro del cráneo, al lado de la oreja. Cuando ya se rinden los Inocentones y deciden que hay cosas en este mundo que no tienen explicación y que es mejor tener fe sin más, comienzan a darle vueltas a una segunda cosa: ¿y cómo sabía el mago que ellos tenían un huevo dentro de la cabeza, quién se lo había dicho, eh? b) Hijoputillas: se dice de aquellos otros niños que miran el truco del mago con la ceja levantada, intentando, desde que el espectáculo empieza, pillar al mago en un fallo, en un renuncio, localizar el cordón, el mecanismo que hace que el mago se saque el huevo de la manga y lo coloque con una rapidez supercalifragilística en la oreja del niño voluntario. El hijoputilla se ríe del Mago, se ríe del voluntario, se ríe de los niños Inocentes. No es por insultar, pero está demostrado por neurobiólogos de todo el mundo que cada español lleva dentro de sí un hijoputilla. Más o menos desarrollado, pero lo lleva. Es genético, probablemente sea un bultillo que tenemos en el hipotálamo o por ahí cerca. Puede que en un futuro se pueda operar con láser, pero, a día de hoy, no hay español que se libre de su hijoputilla (incluidos los habitantes de las Comunidades Históricas). En realidad, podemos vivir con este lastre aunque nos impida disfrutar de la inocencia, y nos dota de un repelente sentido del ridículo. El hijoputilla nos dificulta el aprendizaje de los idiomas, por ejemplo. Me lo dijo un profesor de inglés: al español le da vergüenza imitar los acentos, así que se empeña en conservar el suyo y además se ríe de los españoles que intentan imitar la música de otra lengua. Los tacha de snobs o directamente de gilipollas. El hijoputilla tiene muy mala lengua. Al hijoputilla todos los extranjeros le parecen tontos. Los americanos hablan como Doña Croqueta y son infantiles; los ingleses, tan estirados que son ridículos; los franceses, pretenciosos y sin gracia; los japoneses, alienados; los portugueses, tristes; los latinoamericanos, lentos y demasiado educaditos... Y en medio de toda esa impresionante masa humana, el hijoputilla brilla, riéndose del mundo entero menos de él mismo, por supuesto. Yo, una hijoputilla de a pie, me encontraba este mismo miércoles en un avión con destino al Caribe. Ahora está muy de moda decir que el tiempo en el avión es fabuloso para trabajar, hasta el punto de que se ha convertido en un lugar común, y como yo no me puedo resistir a los lugares comunes, me senté en mi asiento de camino a Cartagena de Indias y decidí dedicar el vuelo a pensar unos cuantos temas candentes para este artículo que ustedes hoy tienen la inmensa suerte de leer. Pensé: ¿Literatura y Caribe? ¿Literatura y guayabera? ¿Literatura y transpiración? ¿Consecuencias fatales del jet lag sobre la literatura del siglo XXI? ¿Podrán acabar los congresos de escritores de una vez por todas con la literatura? En esas estaba cuando en el avión ocurrió algo verdaderamente extraordinario. Dos aeromozas de belleza insultante, como casi todas las colombianas, tomaron sendos micrófonos y anunciaron, haciendo gala del mejor español del mundo, que iban a repartir entre los pasajeros un papel en blanco para hacer un concurso. Se trataba de que los pasajeros hiciéramos una rima con Avianca, la compañía en la que viajábamos, y otras palabras relacionadas con el evento cultural cartagenero que se desarrolla esta semana, como Hay Festival o Literatura. Un poco por ahí. Nos daba un cuartito de hora. Luego pasaban a recoger los papeles, una mano inocente tomaba tres papeletas del saco y las aeromozas leían las tres poesías en voz alta. También se requería la colaboración del pasajero para el fallo: debíamos aplaudir con más o menos entusiasmo según el ingenio del poema y era finalmente la potencia del aplauso lo que decidía quién sería el ganador. El ganador, por cierto, se llevaba un tickete (billete) de avión y el orgullo, no te lo pierdas, de ver reproducido su poema en un libro de poemas editado, por lo que he podido investigar, por la misma Avianca. A la hijoputilla que llevo dentro le dio un ataque de risa incontenible y como estaba la pobre sola buscó desesperadamente alguna mirada cómplice entre los viajeros cercanos. Pero no, amigos, no la encontró. Mientras la hijoputilla reía a mandíbula batiente, el resto de los viajeros estaba dedicado en cuerpo y alma a ejecutar la rima. Ella, la hijoputilla, tan digna, tan fisna, no se dignaba a apuntar nada, pero inventaba rimas mentalmente sin querer: "¡Mírala / no es manca / y viaja en Avianca!". "Soy una potranca / y viajo en Avianca"... y por el estilo. Las simpáticas aeromozas recogieron las papeletas. "Yo no", les dije, como dejando claro qué tipo de persona soy. El resto de pasajeros votaron con ese sistema infalible que inventó Kiko Ledgard y que marcó toda una época: el aplausómetro. La hijoputilla que esto escribe no aplaudió. Ella no se relaja, ella siempre piensa que siempre hay un español sentado en el asiento de atrás dispuesto a reírse de ella. Pero el resto de los viajeros montaron un gran cachondeo soltando bravos a la rima más conseguida. Maldita sea, no tomé nota, pero sé que la cosa iba de altura y cultura. El viajero ganador se levantó a recoger su tickete. Aplausos. El avión empezó a descender yéndose de un lado a otro como un avioncillo de papel. Mientras la hijoputilla rezaba un formulario: "Señor mío Jesucristo", que es lo que hace siempre al despegar y al aterrizar, pensó: "¡Oh, Dios mío, si nos estrellamos, moriré en medio de un concurso literario, qué vergüenza!". ELPAIS Elvira Lindo 28/01/2007 |
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